Educación

James Tooley también creyó en las escuelas públicas hasta que descubrió “la solución de libre mercado”

Rafael Rivero/Periodista

Activistas de la educación apuestan al modelo estatista porque no conocen otro

Es incluso hasta cómico que el más importante autor en materia de libertad educativa, James Tooley, también haya pasado por el mismo proceso que la mayoría de la masa ingenua que suele opinar, en Venezuela y el mundo entero, sobre cómo gestionar la educación básica en los países en desarrollo, a objeto de mejorar las condiciones de vida de las generaciones futuras. También Tooley creyó –en sus inicios, siendo un joven profesor voluntario en los países más pobres de África–, que la vía, la solución, era la búsqueda de recursos económicos para inyectarlos en sistemas educativos públicos. “Ese es el mensaje que escuchamos a diario, desde las agencias de cooperación y los gobiernos, hasta las estrellas del pop y otras celebridades. Que hasta que los gobiernos occidentales no gasten mucho más en ayuda, no podrá salvarse a todos los niños de la ignorancia y el analfabetismo”, argumenta Tooley para quien quiera escucharlo. Sin embargo, fue en el año 2002 que comprendió, en su primer viaje a la India, que la mejor vía es el estímulo al orden espontáneo que allí se encontró: cientos de escuelas privadas de bajo costo, autosustentables y efectivas, con logros de enseñanza superiores a los de las escuelas públicas (donde buena parte de los recursos de los gobiernos y las agencias de cooperación languidecen en medio de burocracia y corrupción administrativa). Además, las escuelas privadas low cost en la India y África, constituyen un sistema productivo que genera empleo y valor agregado sin ayuda de nadie, lo que coopera con el desarrollo de las economías de los países pobres, que es el objetivo principal de todos los organismos internacionales para el desarrollo y la superación de la pobreza. El viejo dicho de la sabiduría popular de no dar el pez sino enseñar a pescar por sí mismos viene aquí al dedillo, pero en Venezuela pocos, casi nadie, han aprendido esta lección y todos los implicados en el tema viven clamando por dinero, recursos, para la educación. Puede que alguna vez “aparezca” algo de dinero, por vía del gobierno o de alguna organización internacional, pero difícilmente se convertirá en enseñanza de calidad, y mucho menos acabará, definitivamente, con la inopia eterna del gremio magisterial. Sólo hay una vía a la vista, la misma que descubrió Tooley en otras partes del Tercer Mundo y que puede resumirse con tres vocablos: “solución de libre mercado”. En otras palabras, el permitir y propiciar que los maestros se reconviertan en emprendedores de la educación. De hecho, buena parte ya lo está haciendo, y, en no pocos casos, por cierto, con muchísimo éxito económico.

Comparte este articulo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.