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Mi microescuela liberal

  • 11 may
  • 5 Min. de lectura

La Academia UED-Libertad


Antonio Canova González (asistido por Ara de Grok)


Venezuela no se reconstruye solo con elecciones o nuevas leyes. Se reconstruye, sobre todo, en las mentes de quienes tendrán que vivir, trabajar y gobernar en el país que viene.


Después de veintiocho años de experimento colectivista chavista y cuatro décadas previas de socialdemocracia, hemos pagado un costo enorme por comprobar que las ideas importan. Las equivocadas destruyen más que cualquier dictador por sí solo.


Por eso, hace quince años fundé con varios de mis alumnos y buenos amigos, Un Estado de Derecho (UED-Libertad); por eso mismo, desde entonces, estoy convencido: la libertad no es un lujo ideológico, es natural, accesible y beneficia a todos.


Sobre esa noción de la libertad individual se arma la única organización social que genera estabilidad, facilita la prosperidad, resiste el paso del tiempo, permite a cada uno perseguir su felicidad.


Esta defensa de la libertad no es suficiente con una sola disciplina. Requiere entender la complejidad desde diferentes áreas del conocimiento y, sobre todo, alinearla con evidencia empírica.


Mi visión de la formación de la libertad, en libertad, se sostiene, precisamente, en cuatro pilares. Juntos, con diferentes métodos de enseñanza, conforman un cuerpo argumental casi irrefutable.


1. Primer pilar: la pregunta filosófica.


¿En qué tipo de sociedad queremos vivir?



Este es el punto de partida de "Individuos o Masa", el libro que publiqué hace más de una década con Luis Alfonso Herrera y Giuseppe Graterol, resultado de los más de cien talleres que sobre esta disyuntiva entre individualismo y colectivismo dimos por buena del país, a líderes comunitarios, estudiantiles y políticos desde 2010.


Lo que hemos venido diciendo, y está ahí escrito, es que toda sociedad se organiza alrededor de dos ideas incompatibles: o el individuo es el sujeto moral, económico y jurídico principal, o lo es el colectivo.


El colectivismo disuelve a la persona en la “masa”, en la “clase”, en la “patria” o en el “pueblo”. El individualismo, en cambio, reconoce que cada ser humano es un agente soberano, capaz de elegir, errar y asumir responsabilidad.


No se trata de egoísmo versus solidaridad. Se trata de dignidad.


Solo cuando el individuo es respetado como fin en sí mismo, y no como medio para un supuesto bien colectivo, pueden surgir la ética verdadera, el derecho genuino y la economía justa. Ese es el ser digno. Todo otro, un esclavo.


2. Segundo pilar: la prueba empírica


¿Funciona la libertad en la práctica?



James Tooley lo demostró en "The Beautiful Tree" con evidencia recogida en los barrios más pobres de India, China, Nigeria y Kenia.


Cuando el Estado se retira o fracasa, las familias crean espontáneamente microescuelas privadas de bajo costo que superan, en calidad y resultados, a las estatales.


No es teoría. Son madres y padres que, con recursos mínimos, educan mejor a sus hijos cuando se les deja en libertad.


En Venezuela lo estamos viendo con El Bello Árbol: las microescuelas surgen precisamente donde el sistema público colapsó.


La lección es clara: la iniciativa individual no solo resuelve problemas; los resuelve mejor que cualquier plan centralizado. La libertad no es teoría solo para libros.


Es una manera de vivir y actuar efectiva en la vida real.


3. Tercer pilar: la arquitectura institucional


¿Cómo se organiza el poder en una sociedad verdaderamente libre?



Joanna Lampka, en su libro sobre el sistema suizo, nos ofrece un contraejemplo vivo y exitoso.


En Suiza casi nadie sabe quién es el presidente del momento porque el poder está radicalmente descentralizado: consejos, cantones, comunas, referendos ciudadanos y un gobierno federal mínimo. El resultado es uno de los países más prósperos, estables y libres del planeta.


Este modelo demuestra que la libertad individual no conduce al caos. Al contrario, cuando el poder se dispersa y se somete al control constante de los ciudadanos, las instituciones se vuelven más sólidas y menos abusivas. Venezuela, que durante décadas concentró todo en Caracas y en un solo partido, necesita exactamente lo contrario: una república federal, descentralizada y con pesos y contrapesos reales.


En otras palabras, hace falta reducir la intensidad y la incertidumbre en el uso legitimo de la coacción.


4. Cuarto pilar: la fundamentación científica


¿Está la libertad alineada con la naturaleza humana?



Edward O. Wilson, en "Consilience: The Unity of Knowledge", nos da la respuesta más profunda.


La biología, la psicología, la antropología y la economía convergen en un punto: los seres humanos progresamos cuando podemos cooperar voluntariamente, experimentar, equivocarnos y aprender.


Las sociedades que respetan la agencia individual, la propiedad privada y la libertad de elección generan más conocimiento, innovación y florecimiento humano que aquellas que pretenden planificar el bien común desde arriba.


Vista desde la consiliencia, la libertad no es una ideología. Es la forma en que la naturaleza humana funciona mejor.


Estos cuatro pilares no son independientes. Forman una sola estructura.


"Individuos o Masa" explica por qué la libertad es preferible. "The Beautiful Tree" demuestra que funciona en la práctica. El modelo suizo muestra cómo institucionalizarla. Wilson confirma que puede estudiarse como la ciencia y está alineada con la realidad misma, la naturaleza humana.


Juntos desmontan el colectivismo en todos los frentes: filosófico, empírico, institucional y científico. También, cualquier alegato cultural. No queda espacio para la excusa de que “Venezuela es diferente”; que “no somos suizos”. La evidencia es universal.


Por eso avanzo en un nuevo propósito, el taller Back to Basics: Fundamentos de la Libertad, que, a su vez, abre el camino a la Academia UED-Libertad.


La intención es formar, sí, pero sobre todo queremos hacer. De hecho, no hay mejor aprendizaje que el que se obtiene de la experiencia.


De inicio, la propuesta para los participantes es que el seguimiento de los cuatro pilares teóricos sea acompañado con actividades prácticas que cada uno escoja.


Entrevistar a las directoras de microescuelas de bajo costo, experimentar con Bitcoin y economías circulares, usar inteligencia artificial para resolver problemas sociales, proponer desregulación y fomentar nuevos emprendimientos, son solo algunos de los ejercicios que podrían complementar la formación teórica.


Esta generación de líderes venezolanos debe tener las herramientas intelectuales para defender y construir una sociedad libre.


Venezuela necesita más que un cambio político. Necesita un cambio cultural profundo. Ciudadanos que, después de lo vivido en carne propia, entiendan que la libertad individual no es una opción entre muchas. Ha demostrado, una y otra vez, que puede producir dignidad, prosperidad y esperanza.


El momento es ahora. Hemos vivido la dura experiencia. Ahora nos toca fijar el marco teórico que explique la debacle ocurrida y nos permita mirar al futuro con claridad.


La tarea es nuestra, es urgente y estamos listos para arrancar.


Siento que estoy dando un paso en la creación, podría decirse, de una microescuela enfocada en el aprendizaje del liberalismo. Una nueva aventura, en fin, solo posible en libertad educativa.

 
 
 

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